Guía para el caminante: Las esculturas de LEGO de Sean Kenney en los jardines de Cheekwood

Por: Elvira Aballí Morell

Alicia se extravió tras un conejo blanco, en la novela de Lewis Carrol. A nosotros nos ocurrió algo semejante, en los jardines de Cheekwood; nos perdimos tras las formas caprichosas de las esculturas de LEGO de los conejitos de la exposición “Nature Pop” (“Naturaleza Pop”) de Sean Kenney —vigente hasta el 5 de septiembre. La Campana aconseja a los visitantes comenzar su recorrido por la exposición en el Lote A —cercano al estacionamiento. Las esculturas se encuentran concentradas en el cuadrante comprendido por las secciones A, B, C y D. El conjunto de conejos variopintos está en los lotes G y H. A la entrada de Cheekwood, se puede adquirir un mapa, en el que se señala con una estrella roja la localización exacta de cada escultura. Los curadores de la muestra desplegaron sabiamente las obras en los jardines: congenian los LEGO y el diseño del paisaje.

Las obras de Kenney recrean disímiles figuras: humanos, objetos y animales. En el caso de los últimos, se enfatizan algunas especies en peligro de extinción. Esta muestra es excelente para los niños. Las estructuras de LEGO y la elección de colores son de un atractivo sin precedentes. La colección permite transitar fácilmente de lo lúdico a lo didáctico. Cada escultura posee un pie de obra, dividido en dos secciones: “Think Like an Artist” (“Piensa como un artista”) y “Think Like a Scientist” (“Piensa como un científico”). La primera explica el trasfondo conceptual de la pieza; la segunda, datos científicos de interés. Tanto adultos como niños disfrutarán de las texturas futuristas y la variedad temática de las obras. Regresarán a la casa y tratarán de crear sus obras maestras con los bloques de LEGO.  

“Nature Pop”, como lo indica su nombre, se inspira en la estética del movimiento artístico “Pop Art”, encabezado por el norteamericamo Andy Warhol durante los 1950s. La elección de los colores, además de un evidente guiño al estridentismo del Pop Art, alude al plano simbólico: al hábitat; la relaciones; y características esenciales. Según el Washington Post: “Las muestras de Sean ilustran el balance de los ecosistemas, la belleza de la naturaleza y la relación de los seres humanos con esta última”. Las piezas, aunque estilizadas, se acercan al referente original. Entre los valores de “Nature Pop” se encuentra la apropiación del imaginario de la fauna terrestre y su elevación a la categoría de pieza artística, cuasi monumento.

Algunas de las esculturas son a escala natural, otras, como “Dragonfly” (“Libélula”) —confeccionada con 66, 655 bloques—, hacen “volar” a nuestra imaginación, ante la desproporción del referente original y su recreación —cual reminiscencia prehistórica o retozo formal. La exposición contiene en su totalidad 38 piezas, elaboradas con más de 800,000 bloquecillos de LEGO. En el conjunto, sobresale la escultura mayor: un oso polar (ursus maritimus) con sus oseznos —constituida por 112,450 piezas. La forma piramidal y la superposición de capas alude a los glaciares. El uso del color azul refiere al llamado “blue ice”. La obra discurre sobre la inminente desaparición de los osos polares —cuya fecha estimada es el 2100— ante la pérdida de su hábitat natural por el deshielo del Ártico.

Kenney es un artista o “niño profesional”—como él se denomina—, cuyo trabajo consiste en esculturas, modelos arquitectónicos, murales y retratos de LEGO. En su quehacer, también sobresalen nueve libros para niños, ilustrados con dicha estética. Sus piezas son autorreferenciales: tanto por la presencia de sus preocupaciones como la inclusión de sí mismo. El artista declara: “No trabajo para LEGO, pero sí soy su mejor cliente”; y… quién no queda seducido ante las posibilidades de esta invención “para niños”. Quede, pues, fascinado el caminante por la ruta de “Nature Pop” en los jardines de Cheekwood.

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